viernes, 30 de noviembre de 2007

Crítica de exposiciones

TEORÍA Y ESTÉTICA DE LA FOTOGRAFÍA
5º Historia del Arte, ULL












Esther Ferrer: sobre la foto truncada
PINO MONTERREY YANES


ESTHER FERRER
Sobre la foto
Sala de Arte La Recova
Santa Cruz de Tenerife


La obra fotográfica de Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) atraviesa distintas facetas de su proceso creativo a la manera de un breve compendio de su vida y obra. Desde que Hyppolyte Bayard, en los orígenes mismos de la fotografía, inaugurara un nuevo género de fabricación de mentiras, el autorretrato se ha patentado a lo largo de su corta historia por su alto valor de autosignificación. Doble presencia del artista en una suerte de desdoblamiento personal: Esther Ferrer dentro y fuera de la fotografía. Sobre la foto ha conducido el individualismo inherente a todas las vanguardias a su expresión más radical. “Autorretrato con círculo rojo” supone una triple reiteración del marco visual de su rostro, que se multiplica por todas partes, su foto-mirada nos acecha por todos los rincones del espacio expositivo, imposible deshacerse de ella. La falta de datación de sus obras –¿descuido consciente del comisario Carlos Díaz Bertrana?– forma parte de su discurso expositivo, la fotografía como máquina registradora de las transformaciones de su rostro, memoria vital-documental del paso del tiempo pero no de sus efectos devastadores: el rictus severo de su boca permanece inmutable, sus ojos siguen manteniendo su halo desangelado. El trasvase comunicativo inherente al lenguaje fotográfico ha sido desmantelado, la foto nace y muere en su lugar de origen: la autocomplacencia de la artista.

Esther Ferrer, que nunca fue una fotógrafa en el sentido estricto de la palabra, define la fotografía por su carácter integrador. El soporte no es un medio de expresión pasivo, la autora participa con su puño y letra sobre el resultado, retuerce las mil posibilidades que ofrece el papel fotográfico a través del collage, el fotograma o la intromisión de elementos pictóricos, sumándose a la búsqueda secular de la humanización de la fotografía. Sobre la foto plantea fórmulas revisionadas en un pasado no muy lejano pero sin el mayor éxito de realización formal. No basta con la idea y su perfil provocador. A Esther Ferrer le falla la técnica aunque una deliberada despreocupación por el resultado final emane de su corpus teórico.

Nuestra autora se identifica como fiel heredera y salvaguarda de los supuestos libertarios que arrancaron del dadaísmo para germinarse en la Internacional Situacionista y que el grupo ZAJ haría suyos a mediados de los anquilosados años sesenta en España. Desde entonces performance e instalaciones han saturado el mercado artístico. En su afán de notoriedad, oleadas de jóvenes artistas han intentado transgredir al precio que fuera. Esther Ferrer, funambulista del arte, ha dado la vuelta al mundo para exhibir en galerías y museos de renombre internacional una variante burda de los objet trouvé de los surrealistas. Infinidad de objetos han hecho equilibrio sobre su cabeza. Pasen y vean: tubérculos de todas las condiciones se han convertido en el real estandarte del esnobismo más puro y duro. Pero todo tiene un límite.

La fatalidad, signo recurrente de nuestra época, envuelve el destino último de los movimientos antiarte: la absorción por parte de los canales mercantiles del arte de sus elementos hostiles. Sus pioneros ahogan su sentido primigenio dentro de sus propias contradicciones. El performance, recluido entre cuatro paredes por su más fiel carcelera –devota y practicante Esther Ferrer-, partícipe de la institucionalización de la libertad creativa, ha agotado sus vías de expresión artística. El espíritu de John Cage ha sido aprisionado en los museos, la contemplación ha sustituido a la acción.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Suplemento La Opinión: Palabra Crítica

El suplemento "2C Revista semanal de Ciencia y Cultura" del periódico La Opinión de Tenerife, publicó el pasado sábado 24 de noviembre un monográfico dedicado a la IX Bienal Internacional de Fotografía Fotonoviembre 2007 y realizado por el Taller de crítica de fotografía.
En este monográfico se han incluido, entre otros, los textos de Carlos A. Schwartz y Carmelo Vega ("Placeres bienales: cita con la fotografía"), Belén Ruiz González ("La liberación por la imagen"), María Dolores Barrena Delgado ("Muestrario de importación"), Isabel Díaz Pérez ("El mago de Kazajstán"), Paloma Tudela Cano ("De puertas adentro"), Angélica F. Barrera Mendoza ("Historias de sueños conseguidos"), Karen Melián Kiriloff ("Disfrutar de la vida"), Verónica Farizo González ("La visible nada"), Fátima Luzardo ("Paraísos ficticios"), M. Florentina Fuentes ("Geometrías"), Nuria Segovia Martín ("España, marcos de seducción"), y Gloria Díaz Pérez ("Paseando a las vírgenes").
Puedes consultar este suplemento en el siguiente enlace: Palabra Crítica. Fotonoviembre 2007.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Entrevistas

HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA
4º Historia del Arte












Instinto maternal. Entrevista a Manuel Montes
LAURA C. FARIÑA FARIÑA


MANUEL MONTES
Lazos de sangre
Centro Internacional de Grabado Contemporáneo
Santa Cruz de Tenerife


Manuel Montes es un fotógrafo tinerfeño que comenzó su andadura de forma autodidacta. Se licenció en Ciencias de la Información y se convirtió en fotógrafo profesional tras pasar por diferentes centros, como el Instituto Politécnico de Tenerife y la Escuela Municipal de Medios Audiovisuales de Barcelona. Sus fotografías se han publicado en diferentes medios, como La Coiffure, Man o Casa Vogue y están representadas en un gran número de colecciones, tanto públicas como privadas de diversos lugares del mundo (entre otras, CajaCanarias o el Center for Creative Photography en Illinois). Ya es un autor habitual en Fotonoviembre, donde expuso, en el año 2005 su colección Creadores. Otros de sus trabajos han sido Tautologías, Habana y Piedra Viva.

···

Las referencias biográficas que he leído sobre usted dicen que en sus inicios se formó de manera autodidacta. ¿Cómo se forma un fotógrafo a sí mismo?

Desde ‘chiquitito’ la fotografía ejerció sobre mí una atracción increíble. Me acuerdo de salir con doce o trece años a hacer fotos con mi cámara de plástico, de aquellas baratas. También buscaba libros, para saber de fotografía, y le preguntaba a fotógrafos conocidos, ya mayores, cómo se hacía tal o cual cosa... sin embargo, nunca me planteé en ese tiempo dedicarme profesionalmente a la fotografía, sino que era algo que me encantaba. Por ello digo que cuando empecé a tomarme la fotografía más en serio, ya tenía una formación como autodidacta. Después ya comencé a pasar por escuelas de fotografía y demás. Pero cuando llegué a ese punto, ya, de alguna manera, era fotógrafo.

¿Han tenido estos inicios alguna repercusión en sus trabajos posteriores?

Parecerá un poco pedante lo que voy a decir, pero ahora mismo estoy tomando como referencia para mis obras las fotografías que realicé con trece o catorce años, cuando hacía fotos sin información y sin preparación. Conservo todos los negativos de aquellas fotografías... me encantaba imponerme retos y hacer, por ejemplo, retratos.

Comencemos pues a hablar sobre su exposición Lazos de Sangre. En ella ha utilizado como soporte la película fotográfica y no el sistema digital. ¿Por qué? y, en relación a esto, ¿Qué opinión tiene sobre la fotografía digital, tan en auge en la actualidad?

Normalmente trabajo usando la película. En relación con la segunda pregunta, para mí la fotografía es todo lo que está hecho con una cámara y un objetivo. En realidad, el proceso fotográfico es el de la luz que pasa a través de un objetivo; después, el registro de esta imagen ya puede ser en cualquier formato: una película de nitrato, de acetato, una placa de vidrio, de metal o el formato digital. Con el tiempo ha ido cambiando el formato de registro de la fotografía, pero la imagen en sí sigue siendo la expresión de la fotografía, ya sea en formato analógico o digital, ya que el producto final es lo que cuenta. La fotografía digital tiene la ventaja de que abarata los costes, es decir, se pueden tomar muchas instantáneas y borrar luego las que no interesen. Con la película no pasa esto, pues hay que revelarla y copiarla de manera que al final queda un cliché físico permanente. La fotografía digital lo único que ha aportado es el poder disparar sin límites y luego tener la libertad de elegir.

¿Por qué la desnudez total de las figuras?

Trataba de hacer una serie en la que no buscaba retratar, simplemente, madres con niños. Yo quería retratar sensaciones que no son físicas ni palpables: quería que la ternura se viera reflejada en las fotografías, así que intenté hacer un tratamiento de ellas lo más sencillo y clásico posible, despojando a las figuras de todo tipo de vestuario para no caer en cuestiones relacionadas con la moda. Por ello, también prescindí de elementos como el maquillaje, el atrezzo... así como trabajar con las mínimas condiciones de luz requeridas y los fondos en un color neutro, el negro. De esta manera, no desnudo sólo el cuerpo, sino que también toda la imagen en sí.

Entrando en el tema de la iluminación que acaba de mencionar, me llama la atención que para realizar unas fotos de tanta calidad haya utilizado los mínimos recursos lumínicos. ¿Cómo lo ha hecho?

Normalmente, a la hora de hacer un retrato de estudio se ponen varios focos para corregir las sombras y buscar efectos de belleza estética. En estas fotografías he utilizado una única fuente de luz para que creara sombras y diera una imagen real de los personajes.

He observado que las sombras son una constante en algunos de sus trabajos, como Creadores, donde las utiliza de forma similar a la de esta exposición. ¿Qué significado tienen para usted las sombras como elemento estético?

La mayoría de los fotógrafos tratan de eliminar las sombras, como si fueran imperfecciones, pero yo pienso que estas dan la profundidad y la tercera dimensión de la obra. Una obra sin ellas es plana. Realmente, la única fotografía que no trabaja las sombras, es la publicitaria, que trata de crear una atmósfera de belleza casi irreal, que no refleja la realidad, sino que sólo están destinadas a vender un producto, y no son para nada artísticas.

Volviendo a la desnudez, me he fijado en los tatuajes que lucen algunas modelos, ¿ha utilizado esto adrede, con fines estéticos?

Sí. Muchas de las modelos eran conocidas mías, y me había fijado en concreto en la mujer del tatuaje en el brazo, a la que había visto caminar por mi barrio y me llamó la atención su tatuaje. Una vez la vi con su hija, que era muy graciosa, y les ofrecí a ambas posar para las fotografías. Creo que el tatuaje le da un look muy poderoso.

¿Cómo fue para usted tener que seleccionar las fotografías que iba a colocar en la exposición?¿Se basó en algo para hacerlo?

Sin duda eso fue lo más difícil. Las madres eran jóvenes y guapas, y los niños también eran muy atractivos. En la primera selección me dejaba llevar por los cánones típicos de la belleza (por ejemplo, lo guapa que estaba una modelo en la imagen o lo encantador que resultaba el niño), pero después esa foto no reflejaba la ternura o las sensaciones de complicidad madre-hijo que yo buscaba. Al final ya no me importaba el físico. Es un proceso muy duro, de incluso meses.

He observado que en la mayoría de sus trabajos anteriores (como Habana o Piedra Viva ha utilizado el blanco y negro. ¿Por alguna razón en especial?

Yo creo que aunque la vida sea en color, el blanco y negro tiene más fuerza, comunica más y tiene un poder que no lo tiene la imagen en color. El color de alguna manera edulcora y suaviza, dando una imagen más light. El blanco y negro es mucho más directo, y tiene más fuerza y poderío.

Mi percepción, tanto por el título de la obra (Lazos de Sangre) como por lo visto en las fotografías, es que relaciona la idea del "lazo de sangre" únicamente entre madres e hijos. ¿Por qué no padres e hijos?

No, no... te voy a contar la historia: cuando empecé con esta serie, esta tenía una cabida mucho mayor, incluso de gente de más edad; una de las principales, amiga mía, la escultora Patricia Vara, con la que tengo una fotografía pendiente con su abuelo. En la serie tenía cabida todo lo que fueran lazos de sangre: madres, padres, abuelos y nietos, tíos y sobrinos... etc. Por ejemplo, la pareja de la mujer tatuada que he mencionado antes se sacó unas fotografías muy interesantes con su bebé, de mucha fuerza. Pero al final me vi con muchas más fotos de madres con niños, lo cual era más homogéneo. En definitiva, la serie era mucho más ambiciosa, pero por razones presupuestarias y de espacio, no pude hacerla, pero me gustaría ampliarla en un futuro.

¿Qué le ha inspirado a la hora de hacer estas fotografías? ¿Algo relacionado con su infancia, quizás?

No, no fue una inspiración, sino una idea. En mi primera época, cuando era estudiante, me ganaba la vida haciendo retratos de familia. Siempre tuve mucha mano para retratar a los niños, y me quedó la idea de hacer lazos de sangre, una serie en la que buscaba a personas vinculadas por un parentesco de primer grado.

La mayoría de las fotografiadas son mujeres jóvenes, sin embargo hoy en día encontramos madres de hasta 45-50 años con niños pequeños, ¿por qué no ha "utilizado" mujeres más maduras?

No ha sido por las madres, sino que por los niños; quería usar la magia de los niños menores de 7 años. Los considero mágicos, y también creo que a medida que van creciendo y se van integrando en el mundo y la cultura, esta magia natural va desapareciendo. Además, la elección de las madres no fue por ninguna razón preconcebida, sino por circunstancias, como que tiras de la gente que tienes más a mano, que es más asequible... además, hay gente que se ‘corta’ por timidez o diferentes razones a la hora de salir desnudos.

Hablando de los niños, ¿por qué sólo hay un niño por madre?

Eso también han sido circunstancias de las modelos elegidas, como, por ejemplo, que casi todas las mujeres fotografiadas no tienen familia numerosa, excepto en el caso de una, que tiene una hija mayor a la que ofrecí posar junto a su madre y su hermano, pero no quiso hacerlo por razones de timidez.

Al tratarse de niños pequeños, echo de menos el juego y la diversión infantil, los veo muy formales, excepto en algunas fotografías donde sí hay una cierta espontaneidad. ¿A qué se debe?

Realmente hay fotos de estos momentos, pero el proceso de selección antes mencionado influyó mucho en ello. Tenía para elegir entre 300 fotos, ya que, de cada una de las nueve madres tenía una media de 30 fotos por modelo, y buscando la idea de las sensaciones, hubo que descartar muchas. Aunque me alegra que me hagas esa pregunta, porque esas fotos tienen mucha más fuerza que las demás, como la de la niña que juega con su madre con la pierna levantada.

Me extraña que en ninguna de las fotografías haya retratado la muestra de afecto por excelencia entre madre e hijo: el beso. ¿Por qué?

Es que es el típico tópico. Para mí era más importante captar otros momentos, como las niñas que se enganchan al pezón de su madre para mamar. Realmente tengo fotos de besos, e incluso de abrazos, pero me parecían demasiado obvias. Además, influyeron cuestiones técnicas, pues al estar muy pegados, las sombras de ambos personajes interferían. Había tanta complicidad y sentimiento en los personajes, que no hacían falta realmente los besos para mostrar el amor que se tenían.

En relación con todo esto, ¿qué recursos ha utilizado para mostrar al público algo tan abstracto como los "lazos de sangre" entre madres e hijos?

Ahí jugó un gran papel el proceso de selección. Tenía imágenes más hermosas estéticamente, pero en las que no existían de manera tan palpable las sensaciones que buscaba. No quiero retratar a la persona, sino que su interior; una sonrisa no equivale el estar retratando la felicidad, y una persona llorando no es la melancolía. Influyen muchos factores, donde intento captar conceptos como las miradas, jugar con la iluminación... etc. Buscaba fotos que no retrataran solamente a los personajes, sino que las sensaciones que salían de los personajes. Hice igual en la serie Creadores, en la que quería captar el genio, el brujo que había en el personaje.

¿Cómo fue trabajar con estas mujeres y sus hijos?¿Alguna anécdota especial?

Fue encantador. Bueno, con los niños, menos, porque algunos no paraban quietos. Tuve que llevar mi paciencia al límite, especialmente con uno, hijo de una fotógrafa, que estaba tan saturado de fotos que me cambiaba la cara y hacía muecas en el momento de hacer el retrato. Había de todo, desde niños muy tranquilos y dóciles hasta otros con los que tuve que recurrir al soborno para que se dejaran fotografiar.

No puedo evitar pensar, al ver estas fotografías, en las representaciones de la antigüedad clásica, de las típicas Venus acompañadas de pequeños amorcillos o Cupidos. ¿Quiso conectar en algún momento con esto?

Me he inspirado mucho en la pintura a lo largo de mi trayectoria, pero en esta serie no. El proyecto surgió a través de elucubrar sobre la misma historia una y otra vez, basándome solamente en lo que pasaba por mi cabeza y en lo que daban de si los modelos, sin ninguna referencia exterior.

En su fotografía se da el eterno dilema del cine y de la fotografía: mirar o no a la cámara, ¿por qué hay fotografías en las que algunos de los personajes miran a la cámara y otras en las que esto no ocurre?

Como tenía muchísimo material de cada pareja y no me decidía entre ninguna de las dos cosas, al final opté por usarlas ambas. La primera idea era en la que yo participaba en la foto, porque me están mirando, es un momento en el que el fotógrafo interviene; pero después le di vueltas y me gustó más la otra forma, en la que no me miran, porque, para lo que yo quería reflejar, la ausencia de otra persona fortalece la relación entre madre e hijo.

CRÍTICA DE EXPOSICIONES

TEORÍA Y ESTÉTICA DE LA FOTOGRAFÍA
5º Historia del Arte, ULL














Busco algo barato, busco unos zapatos
CLARA ALONSO HERRAIZ

AMY CHANG
El nuevo paisaje urbano español: los inmigrantes y sus negocios
Sala de exposiciones La Caixa
San Cristíbal de La Laguna


Nuevas luces resplandecen en la estela urbana nocturna: son los carteles de neón de los comercios de inmigrantes. Nacen, crecen y se reproducen sin parar, gracias al sacrificio personal, familiar y al excesivo trabajo. Están por todas partes y parece que sufren de insomnio. No es de extrañar el sentimiento, cada día más generalizado, de malestar que invade al comerciante tradicional español. Primero fue el pulso contra las grandes superficies, las cadenas de supermercados y ahora, contra un íntimo rival, el comercio minorista del inmigrante. Suele decirse que “hay espacio para todos”, pero es el que más se aplica, quien se vuelve dominante. Sin embargo, lo que preocupa a ciertos ciudadanos, no es su implantación en el territorio nacional, sino su inquietante proliferación. Su fórmula comercial presume de diferentes estrategias, se han especializado en alimentación, complementos, ultramarinos, textil… ¡y lencería! Son negocios que venden de todo con la peculiaridad de ofrecer un horario más amplio que implica a todo el bloque familiar.

Pero son los establecimientos como espacios, los protagonistas de la obra de la norteamericana Amy Chang. Y es que antes de coquetear con la imagen artística (siempre acompañada de denuncia), fue pareja de baile de la fotografía de arquitectura e interiores, algo que considera de “gran influencia sobre la actividad humana”. Es tarea sencilla percibir, e incluso afirmar, la significación de todo el corpus teórico y técnico de las formas, espacios, cálculos y ángulos en su trabajo. La correlación entre ambos fines fotográficos queda en evidencia con la idea que presenta en su creación, que no es otra que la búsqueda del protagonismo del espacio donde reside el negocio.

No obstante, no describe ese establecimiento que podríamos imaginar a priori, lleno de inmigrados empapados en movimiento, ruido y caos. Los espacios cobran una importancia diferente sin sus ocupantes habituales, se vuelven protagonistas y a la vez secundarios, porque irremediablemente la atención se vuelca en la invasión del espacio. Sin embargo, ese firmamento de productos representa un puro y duro amontonamiento, que emana una fría sensación de espacios de vacíos llenos.

Admito que la primera impresión contuvo cierta sensación de orden y organización, e incluso una demoníaca pulcritud. El lugar parece seducido por centenares de productos en los que se cuida, presumiblemente de forma intencionada, que el inmigrante no aparezca retratado, y si lo está, que no sea reconocido para que su presencia pase a un segundo plano y la dimensión del espacio brille con luz propia. Una fotografía del espacio presentado curiosamente con un formato propio de un escaparate.
La intención ha sido retratar momentos clave en los negocios, para ponerlos en oposición con el prejuicio del caótico y ruidoso mundo del inmigrante. Pero irremediablemente, el silencioso espacio ensordece. Y aturde la mirada con ecos de estribillos de Mecano, en los que se “buscaba y rebuscaba entre los trapos, algo barato”. Se respira movimiento constante por culpa del apabullamiento y sobrealmacenamiento. El comercio inmigrante no se preocupa por una estrategia de marketing. No ofrece marca, no ofrece calidad sino cantidad y variedad. Se va al grano, a lo estrictamente utilitario sin detenerse en miramientos publicitarios estéticos.

Estas fotografías son “substracciones en bloque” de la realidad, no pretenden rebajar ni ensalzar, pero sí denunciar y luchar contra la suspicacia del occidental. Pese a representar “cortes de realidad”, nos cuentan una historia. La narrativa no se detiene y se hace evidente transmitiendo cierta continuidad. Porque conocemos bien los hechos y el espacio no está manipulado. Impregnado en su acto de elección queda la automatización del almacenaje, camuflado en una fotografía estéticamente bella, con luces y colores atractivos a la par que chispeantes.

Bienvenidos al blog



Bienvenidos al blog del Taller de crítica de fotografía (Departamento de Historia del Arte, Universidad de La Laguna, Tenerife) dedicado a la IX Bienal Internacional de Fotografía, Fotonoviembre 2007, en el que podrán encontrar los trabajos de crítica realizados por los alumnos de la licenciatura de Historia del Arte así como los artículos publicados por el Taller en el periódico La Opinión de Tenerife (a partir del 24 de noviembre de 2007).

Se trata de una experiencia piloto que intenta proyectar fuera del ámbito universitario ciertas actividades programadas en el contexto de la enseñanza de la Historia, la Estética y la Teoría de la fotografía.

En ningún caso este espacio pretende constituirse en un blog sobre la Bienal sino sobre los textos críticos (comentarios de obras, comentarios de exposiciones y entrevistas) que los alumnos y miembros del Taller planteen a partir de las exposiciones presentadas a dicha Bienal, y que se irán publicando progresivamente en las próximas semanas.